Jueves 5 de febrero de 2009
Se celebró en el colegio la Operación Bocata.
En un ambiente distendido, con el sol por testigo.
Por una buena causa.
Los alumnos/as del colegio se reunieron al mediodía a comer sus bocadillos y sus piezas de fruta.
Junto a sus profesores.
Cada niño/a recibía un bocadillo y una manzana, al mismo tiempo que una cuchara.
Además cada niño iba colgando unas láminas rellenas de caras de niños.
Cada hora mueren de hambre en el mundo 666 niños. Y en esa lámina eso es lo que se quería representar.
También se encendieron velas en recuerdo de todos esos niños que sufren esta situación.
Cada niño/a iba depositando en un caldero su cuchara, la misma que necesitarían esos niños para comer.
Los niños/as como siempre cumplen, se quedan a comer su bocadillo, se sientan por distintos sitios del patio.
Conversan unos con otros. Y en sus cabezas poco a poco, sin prisas, va entrando esa idea que queremos hacerles llegar.
No imponer. Que cada uno de ellos saque sus concluciones. Seguro que al menos todos ellos en un momento del día llevó sus pensamientos a esos niños necesitados de algo tan básico como es el comer cada día.
Y en cada casa, seguro que sus padres, también pensarán en el porqué de este acto. Operación Bocata.
Cada vela, cada cucharilla de plástico, cada lámina...
666 niños y niñas cada hora.
Esa cifra es real, no es inventada. Y el diablo no tiene nada que ver.
Pero el sol lucía, y los niños y niñas del colegio loyola sentados acompañados de sus amigos recuerdan y ríen, porque han tenido suerte de nacer en esta parte del mundo.
Cada céntimo es importante y ayudará en muchas partes a paliar un poquito, solo un poquito... pero muchos poquitos son un todo.
Nuestros niños/as pueden estar orgullosos, porque se implican, porque no miran para otro lado.
Y cuando sean adultos, se acordarán de las Operaciones Bocata del colegio, y lo que significa.
Y puestos a soñar... quizá algún día no sean necesarias.