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Nacido para educar

(en el 450.º aniversario del nacimiento de San José de Calasanz)

Artículo publicado en la Nueva España el martes, 6 de febrero de 2007

Quizá el título a unos no les diga nada, a otros les mueva a la curiosidad, pero es un hecho que tenemos ahí y que a algunos nos llena de alegría.

En 1557, en un pequeño pueblo de la provincia de Huesca (Peralta de la Sal), nacía un niño, con una infancia muy normal como todos los de su época, y al que las pocas posibilidades culturales del pueblo, le llevan a recorrer diferentes lugares para ir completando su formación. Hasta aquí como muchos niños y jóvenes de nuestra sociedad, y especialmente de nuestros pueblos. Por ello muchos se preguntarán ¿y que interés tiene esta persona para nosotros, y en concreto para nuestra sociedad asturiana? Aquí es donde me quiero centrar.

Aquel niño fue creciendo, completando su formación, y llega un momento en el que descubre que Dios le llama, y ante esta realidad no puede cerrar sus oídos, y no sin mucha incomprensión por parte de los que le rodean (familia incluida), decide consagrar su vida al servicio de los demás por medio del sacerdocio.

Pronto descubre que tiene "posibilidades" y se va posicionando en aquella sociedad y aquella iglesia concreta, y como muchos hoy en día, empieza a buscar el ascenso, los parabienes, las alabanzas, y todo aquello que satisfaga su ego personal. Conocedor de que una forma directa de ascender dentro de la iglesia de aquella época era Roma, se marcha allí en busca de una canonjía. Hasta aquí un personaje, corriente, normal e incluso ambicioso. Pero precisamente en aquella Roma de finales del S.XVI es donde su vida va a dar un cambio radical. Aquel mundo marginal, aquellos niños dejados de la mano de Dios, necesitan de alguien que se preocupe de ellos, y ahí es donde este aragonés (con todas las connotaciones que la palabra conlleva) empieza a hacerse notar y a poner todo su empeño en dos direcciones: que todos los niños tengan derecho a una educación digna, y que sientan el amor de Dios en sus vidas.

Para ello crea sus Escuelas Pías, admiradas por la clase humilde de Roma y denostadas, criticadas e incluso perseguidas, por los dirigentes políticos y la alta aristocracia. Una obra digna, noble, beneficiosa, que pretende la dignidad humana y el bien de todos los hombres. Esto hace que sea considerado como un iluminado, alguien peligroso para la sociedad, y al que es necesario hacer desaparecer de Roma, para que los dirigentes recobren su paz. Curiosamente, esa canonjía que llevaba más de diez años esperando, de la noche a la mañana llega a sus manos, pero nadie contaba con su respuesta: "ya encontré en Roma la manera definitiva de servir a Dios, haciendo el bien a los niños, y no la cambiaré por nada del mundo", y así consolida sus escuelas, que será lo único que ya le preocupe.

Unas escuelas basadas en el sentido común y que van a marcar pautas a las corrientes pedagógicas más modernas; que han servido de punto de partida a los grandes maestros de la pedagogía; en ellas se han inspirado otros muchos fundadores de Congregaciones Religiosas con el mismo carisma, y hoy en día sus ideas se nos pretenden vender como los grandes descubrimientos de las leyes educativas y de los gobiernos de turno, cuando hace ya 400 años él las practicaba en sus aulas. Eso de la escuela para la vida, atención individualizada y llegar a los últimos, la tolerancia, los valores, la educación para la ciudadanía, y no se sabe cuántas cosas más que hoy se nos venden como el no va más, ya los alumnos de Calasanz sabían lo que eso era. Y esa realidad es palpable cuando sus escuelas siguen existiendo, y tantos y tantos alumnos de los que han pasado por ellas saben de lo que Calasanz, su pedagogía y sus seguidores han ofrecido y siguen ofreciendo a todos.

En nuestra autonomía llevamos ya 60 años ininterrumpidos de la obra de Calasanz entre nosotros. Aquellos escolapios que llegaron al Loyola en 1946, han ofrecido y siguen ofreciendo a toda la sociedad asturiana lo mejor que Calasanz quiso para los niños y jóvenes a través de sus hijos. Por ello la Comunidad Educativa del Colegio Loyola PP.Escolapios, quieren celebrar y rendir el merecido homenaje a ese hombre que nació hace 450 años, y supo entender y hacer descubrir a todos que "si desde la infancia el niño en imbuido diligentemente en la piedad y las letras, puede preverse, con fundamento, un feliz transcurso de toda su vida".

Muchos asturianos han sentido su carisma, y han quedado marcados por su educación a lo largo de estos años. Desde aquí como Rector y Director del Centro, quiero invitar a todos a que se den una vuelta por su colegio, y recuerden y honren a este santo, a este maestro y pedagogo, y especialmente a este hombre de Dios. 450 años, bien lo merecen.

P.Enrique Rodríguez (Rectoc y Director)

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