Me
vais a permitir la osadía de que este tercer escrito, no sea
una carta normal sino un cuento, espero que os guste y lo que es más
importante os ayude a dar un poco más de sentido a vuestra navidad.
José
Mª. había terminado su Diplomatura de Graduado Social. Tuvo
la suerte de que antes de acabarla ya le habían ofrecido un puesto
de trabajo, con lo cual no tuvo que cansarse mendigando un puesto de
trabajo a base de currículum por aquí o por allá.
La vida le sonría y además su verano concluye con un viaje
a Inglaterra. Desde luego era afortunado y no se podía quejar
si a eso añadimos que su vida sentimental también se iba
orientando.... nada que envidiar a nadie.
El trabajo suponía para él un reto. Primero debía
convencer al profesor de Universidad que había depositado en
él su confianza, de que no le defraudaría en el puesto
asignado y en segundo lugar aquella población tan especial con
la que tenía que trabajar era para él todo un desafío
que le ilusionaba. Por eso los dos primeros meses de trabajo aunque
habían sido duros, le habían hecho sentirse realizado
y por si algo le faltaba tanto su familia como sus amigos le apoyábamos
en el paso dado.
Aquella población marginal en la que se movía le iba abriendo
nuevos horizontes, nuevas formas de ver la vida y de entender la sociedad.
En medio de su forma de actuar, con frecuencia bastante anárquica,
había descubierto que allí estaba aquel anciano curtido
en mil batallas y que con sus palabras manifestaba toda una filosofía
de vida que todos respetaban y aceptaban; la señora que no tenía
más aliciente que servir al marido y criar a sus hijos, pero
que era feliz, haciendo feliz a los demás; o aquellos jóvenes
que se iban abriendo camino en la vida en medio de la chatarra, papeles
o basura; el adolescente que a los 14 años esperaba su hijo para
primavera y se preocupaba más de su mujer que de sus estudios;
o aquellos niños que jugaba en el descampado pero con el ojo
puesto en sus mayores observando sus afanes y desvelos. Era una comunidad
perfecta pero peculiar.
Chema, como le llamamos sus amigos, había empezado a encariñarse
de aquella gente; había diseñado ya una serie de proyectos.
Unos se iban cumpliendo, otros no encajaban, pero él descubría
cómo cada día iba ganando fama y popularidad entre ellos.
Si a esto añadimos que su nómina le permitía vivir
holgadamente e incluso plantearse la posibilidad de ir ahorrando algo,
que no le faltaban los amigos para que los fines de semana le acompañasen
en la movida, y que la admiración de su humilde familia iba creciendo
cada día más, nos encontramos con la persona modelo que
ya planea desde su nube las próximas navidades en las que no
pensaba privarse de nada. "Su poblado" allí estaba
pero allí se quedaría durante este periodo porque él
necesitaba desconectar y sentirse implicado en "su mundo".
Por eso el último día de trabajo apareció por allí
pero con la mente puesta en otro sitio. Había comida de trabajo
y ellos no eran lo prioritario, por eso iba con prisa, para despedirse,
dejar algún pequeño regalo por compromiso, y olvidarse
hasta después de las fiestas. Llegó al poblado a las 10
de la mañana sin ganas de nada y en plan de visita rutinaria,
porque después de la noche anterior no tenía el cuerpo
para más cosas. Empezó saludando al anciano y deseándole
felices fiestas, estuvo un momento con los niños que jugaban
a la pelota, les entregó unas chucherías y se decidió
a coger el autobús (pues aún no se había sacado
el carnet de conducir, ni tenía coche) para ir a reunirse con
el resto de los compañeros y disfrutar de esa comida de trabajo
y de lo que viniera después.
Cuando ya salía del poblado oye su nombre y se vuelve. Era David,
(el joven que espera ser papá en primavera) que venía
corriendo y fatigado. Para Chema era un incordio entretenerse porque
seguro que los demás ya habían empezado con los vinos
y las tapas y no era cuestión de llegar tarde. De todas formas
quiso escuchar a aquél joven que pensó no tendría
nada interesante que decirle y acabaría pronto. Como una persona
mayor David le dijo:
- Chema, Natalia (es su mujer) y yo llevamos unos días observándote
y hemos descubierto que estás nervioso, con prisa, pensando en
tu Navidad y que la dedicación con nosotros no es la misma. Esperábamos
que aquella ilusión inicial se hubiera plasmado con más
tiempo y dedicación en estos días de paz, amor y fraternidad,
y resulta que vienes a decirnos que te marchas hasta que pasen los mismos.
- Es que tengo que descansar, atender a los míos - contestó
José Mari no muy convencido. Igual que vosotros celebráis
vuestra navidad con vuestros ritos y costumbres, también nosotros
tenemos las nuestras, y tengo que estar con ellos.
- Bonita decisión y digna de aplaudir, pero ¿no sería
más bonito que todos pudiéramos compartir y poner en común
nuestras costumbres para que entre todos nos enriqueciéramos
e hiciéramos realidad esa comunidad universal que tanto proclamamos
en estos días?
- Mira eso está muy bien pero una cosa es la teoría y
otra lo que nos impone la realidad. Disfruta de tus amigos, cuida a
tu joven mujer, y cuando vuelva contamos lo que hemos hecho y verás
como todos nos lo hemos pasado muy bien.
David
no insistió más, tendió su mano a Chema, le deseó
feliz Navidad y se quedó con el grupo de niños que estaban
jugando al balón. Mientras José Mª, cogió
el autobús, y se dirigió al lugar de encuentro señalado
y preocupado porque llegaba tarde. Su cabeza no tenía tiempo
de asimilar la conversación con David. Cuando llegó fue
recibido con una aclamación popular
- Bienvenido el trabajador social tan implicado él que hasta
hoy tiene que ir a ver a "su gente" y hacernos esperar una
vez más a los demás.
Esta imagen de implicado que teníamos sus amigos le hacía
sentirse más orgulloso. Por ello ya con un vaso de vino en la
mano empezó a hablar con todos, y como el ambiente iba subiendo,
confesó medio en plan de mofa al resto del grupo la conversación
mantenida con David. El grupo se dispersó en los diferentes coche
y se dirigió al lugar que tenía reservado para la comida.
Llegaron al restaurante, se acoplaron, el camarero fue sirviendo los
entrantes y la comida transcurrió con toda normalidad, aunque
como pasa en estos casos cada vez más alegre. Llegaron a los
postres, cada uno contó sus planes y empezaron a despedirse porque
cada uno tenía otras citas y compromisos.
Cuando empezaban a marchar Sergio y María preguntaron a Chema
si le acercaban a casa y dijo que de momento no iba, que se le había
olvidado algo en el poblado y tenía que pasar a recogerlo. Pero
Sergio que le conocía muy bien le dijo:
- No se te ha olvidado nada; canta. Seguro que ese gran corazón
que tienes ha asimilado la charla con David y no te deja tranquilo.
- Tú me conoces y no te lo voy a negar. He descubierto que mi
egoísmo me impide implicarme, que vivo para mí y a ellos
los considero un trampolín para mi fama. Por eso tengo que plantearme
que trabajo con personas con unos derechos y que merecen otra cosa diferente
a la que les estoy dando.
- Atención chicos, dijo Sergio al resto del grupo, ¿por
qué no vamos todos al poblado a pasar un rato con aquella gente?
Unos
se lo tomaron a guasa, otros consideraban que eran los efectos del licor
los que hacían hablar así a Sergio pero al final aceptaron
y sin saber muy bien porqué fueron.
David y Natalia paseaban cogidos de la cintura, los niños seguían
con su balón, las señoras se afanaban cada una en su casa,
y el anciano sentado a la puerta y con la mano apoyada en el bastón,
observaba todo. Ven llegar una caravana de coches. Inmediatamente los
jóvenes del poblado se ponen en guardia esperando a aquellos
intrusos bullangueros que acaban de llegar en medio de un escándalo
de coches. Sabiendo como era aquella gente Chema abre una comitiva que
aún no sabía muy bien a qué había ido. La
actitud de los habitantes del poblado cambió radicalmente hacia
los visitantes porque sabían que Chema era incapaz de hacerles
daño.
Bajaron de los coches y empezaron a charlar con los jóvenes,
otros se pusieron a jugar con los niños, y algunos con Chema
al frente, se acercaron a escuchar las palabras del anciano. Al cabo
de un rato uno de ellos se acordó de que en el coche llevaba
una guitarra y fue a por ella comenzando a rasgar las cuerdas y a cantar
los villancicos populares. Rápidamente se formó un corro
alrededor del instrumento mezclándose todo sin darse cuenta si
eran anfitriones o visitantes. Como anochecía sobre el poblado
y el frío empezaba a ser patente, el anciano propuso pasar a
una de las casas. Allí las mujeres ya habían preparado
algo de comer, y así sin darse cuenta habían llegado a
las 11 de la noche. Algunos móviles había comenzado a
sonar de forma insistente a lo largo de la tarde reclamando la presencia
en otro sitio, pero nadie se dio por aludido hasta que el "protagonista"
decidió que era hora de terminar.
Los
habitantes del poblado agradecieron aquella visita y los visitantes
agradecieron la acogida, pero su cabeza no estaba para muchas reflexiones.
Cuando se marchaban, David y Natalia se acercaron a José Mari.
Ella le dio un beso, él un abrazo, y con un simple "gracias"
se fueron cogidos de la cintura. Chema se montó con Sergio y
María en el coche. Al llegar a casa,
Sergio
antes de despedirse dijo:
-Chema, esto hay que repetirlo
-Vale, dijo pero sin saber muy a que se refería.
Se fue directamente a la cama, y como el cuerpo no estaba para dormir,
por su mente pasó la película de todo el día y
descubrió cómo sin habérselo propuesto había
conseguido hacer feliz a David y a otros mucho, y lo que es más
importante, que sin emplear mucho tiempo y con un gesto insignificante
llevó la paz y la felicidad tan deseada a los que estaban con
él todos los días y a los que no había descubierto
en su justa dimensión.
Al
levantarse volvió al poblado buscando a David, pero sólo
vio a los niños jugando y con ellos pasó toda la mañana.
Al marcharse, introdujo el número de su móvil en la casa
de David, sin decir de quien era. Cuando Natalia vio el papel llamó
a aquel número y al reconocer la voz de Chema, por su condición
de mujer no se atrevió a hablar y contestar. Esperó la
llegada de David para que fuera él quien hablase. Chema le agradeció
el rato compartido y las palabras pronunciadas la mañana anterior
sin las cuales no hubiera sido posible aquel encuentro y aquella realidad.
Cada
uno celebró la navidad a su manera y con su gente, pero Chema
siempre tenía en su mente a su poblado, y su mayor alegría
fue cuando la tarde de navidad los jóvenes del poblado llaman
a su móvil para citarle en un lugar. Acudió con Sergio
y María, y aquellos amigos les daban lo mejor que tenían
de su Navidad, un regalo que simplemente era compartir con ellos la
tarde. Y así pasaron muchos de aquellos días navideños
en los que nadie había pensado en este intercambio fraterno.
Para
Chema fue una Navidad diferente a las demás aunque hiciera casi
lo mismo de siempre, pero había un elemento nuevo: había
descubierto la presencia del otro tan importante y a veces tan ignorado,
y su norma de vida pasó a ser lo que había descubierto
aquella Navidad: "El que está a tu lado siempre tiene algo
que decirte y compartir, abre tu corazón a él y descubrirás
cuantas riquezas te puede aportar".
Queridos miembros de la Comunidad Educativa, si habéis tenido
la paciencia de llegar al final del cuento, creo que habréis
sacado vuestras conclusiones. Os deseo a todos la Verdadera Felicidad
que nace del compartir, porque Él quiso compartir su vida con
nosotros haciéndose hombre. Aceptémosle como compañero
de camino y que él bendiga vuestros hogares a lo largo de nuevo
año.
Feliz Navidad
Enrique
Rodríguez Varas
(Director)
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