Se celebró en Gijón en el colegio del Corazón de María los días 18 a120 de septiembre.
El padre Carbó y su equipo iniciaron la jornada contándonos como surgió la idea de dar estos cursillos de esta pregunta que les hacían ¿Qué hacéis ahí en el oratorio? y así empezaron a contar y a escribir algo sobre esto.
Se busca una catequesis orarte que toque el corazón. Todo arranca de la oración con niños, y, sin ninguna pretensión, todo ha ido creciendo.
Jesús se ha hecho hombre para enseñar al hombre a ser hombre, a ser persona y como puede ser hombre y que es ser hombre. Jesucristo es el hombre y se puede relacionar con Él.
El Espíritu Santo es una experiencia humana guiada por el espíritu, nadie sabe de donde viene ni a donde va; si tú, piedra dura quedas ungida con el aceite (el Espíritu Santo) eso no se puede quitar. Hay un don que nos pertenece y es el Espíritu Santo, los demás dones no nos pertenecen, la salud, la enfermedad... tenemos que pedirlo con la boca y el corazón, como aquello que es lo mejor para ti.
El padre Carbó nos llevó a todos al oratorio junto con unos niños para contemplar como oran los niños.
¿Qué es la oración? La oración es el encuentro entre dos presencias, entre Jesús y los niños, cuando Jesús y los niños están presentes es un diálogo de amor, el encuentro de amistad entre dos personas, nuestra misión es ir a un lugar donde este Jesús y donde estén los niños, en el ser esta relación está siempre, Jesús está en los niños y los niños en Jesús, hace falta que Jesús como hombre este presente a los niños con las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales, nuestra misión es facilitar este encuentro y dialogo de amor con los niños y luego el dialogo lo hacen ellos, no nosotros, y nos toca ser muy respetuosos.
Como se hace presente a Jesús, Jesús sabe quien es, Jesús está cerca de los niños siempre, a nosotros nos toca acercar a los niños a las presencias reales de Jesús como el Libro que ahí está Jesús. La Fe no nos corresponde a nosotros lo tiene que hacer el Espíritu Santo, Jesús se hace visible, llevamos a los niños a Jesús y hacemos presentes a los niños a sí mismos para que vean sus sentimientos, sus necesidades, etc.
Luego también ayudarles a que vean a Jesús presente por si acaso les interesa y quizá descubren este amor a Jesús, les llevamos para que entablen un diálogo. Es fundamentalmente amor, lo que va a quedar en el cielo para siempre es el amor, los niños lo que van a sentir es el amor.
¿Cómo ora un niño? Llevándolo a Jesús y empezando a hablar de amor. El oratorio se ha ido configurando como una sucesión de encuentros con Jesús en sus presencias. Jesús cuando resucitó con un cuerpo nuevo, un cuerpo espiritual, glorioso que no está sometido a las leyes fisicas y que entrar aquí sin abrir la puerta, pero El sabe como rebelarse por las consecuencias, por las apariencias que toma y nos toca algún sentido y se hace sensible.
A continuación el padre Carbó nos explicó cada una de las distintas presencias de Jesús en el oratorio: la presencia de Jesús en el cielo, en el libro, en medio de nosotros, en la oración, en el corazón de cada uno de nosotros, en el sagrario en forma de pan que da la vida, en el presbítero, en los niños pequeños, en el prójimo, en la familia, en los sacramentos, en la creación del hombre, en la historia de cada uno, en la iglesia o asamblea cristiana, en la Eucaristía (en la cual se da la síntesis, fusión y culminación de todas las presencias ya que se encuentran todas en el cuerpo y la sangre que son las formas de identidad de Jesús, las otras son formas de identificación).
El niño poco a poco va siendo llevado al encuentro con Jesús, se va encontrando con Cristo resucitado, se va dando cuenta que Jesús está en todas partes, que estamos rodeados y penetrados de Jesús, en cada acontecimiento está Jesús, en el patio en cualquier lugar que vosotros estéis y en todas las personas aunque no os caigan bien, el pensar que es Jesús hace que todo sea superior a nuestras fuerzas. La oración es la relación viviente con Dios vivo y verdadero cuando se vive la vida.
La pedagogía de la bendición es hablarle bien al niño, ser amable, no alterarse, tratarle bien, hablarle bien de la familia, acercarse con cariño, si está nervioso nunca corregir en voz alta, siempre hablar con el aparte, estimular al niño al bien, tener tiempo para el niño... No somos pedagogos de la fe, somos instrumentos inútiles para que ellos conozcan a Jesús.