Alumno del Colegio Loyola (1977-1988).
José María López, antiguo alumno del colegio, donde cursó toda la etapa educativa hasta ir a la Universidad, falleció el pasado miércoles 3 de enero. Queremos recordarle desde aquí. A continuación colgamos el artículo publicado en la Nueva España el viernes 26 de enero de 2007, escrito por el periodista D. Pedro Laguna Fonseca, que también es antiguo alumno de nuestro centro.
El pasado miércoles 3 de enero, José María López, profesor universitario en la Facultad de Oviedo y doctor en Ciencias Físicas, encontró la muerte con apenas 36 años, a causa de un infarto de miocardio.
Asturias perdió entonces a uno de sus grandes valores en la investigación y docencia.
Queda desde ese día un vacío que será difícil de llenar. José María López fue una de las pocas personas que pudieron permitirse el lujo de vivir en sintonía con su pasión más profunda: la ciencia.
Su lúcida mente y su pasión por la investigación pronto convirtieron a este joven asturiano en el objeto del deseo de los grandes grupos internacionales de investigación.
Antes de haber concluido de forma brillante su carrera de Física entre las universidades de Oviedo y Santander - número 2 de su promoción - su esfuerzo y talento eran recompensados en 1993 con una beca de investigación.
Su emergente trayectoria personal alcanzó uno de sus puntos más dulces cuando el CERN llamó a su puerta. El prestigioso Centro Europeo para la Investigación Nuclear reclamó a una de las mentes más brillantes de la ciencia asturiana de su generación.
Sin dudarlo, José María se desplazó a Ginebra y comenzó a trabajar codo con codo con los investigadores más prestigiosos del mundo.
El revolucionario acelerador de partículas "DELPHI" se convirtió en el principal instrumento de su trabajo.
Una investigación que, en sus primeros pasos, además de cubrir en parte la inquietud de Chema sobre el proceso de creación de la materia, le serviría para vislumbrar los nuevos horizontes que se abren para el ser humano con este proyecto.
"A uno esto le hace sentir que está haciendo que la humanidad avance un poco más", apuntaba José María en una de sus últimas entrevistas. Purificación y José María, sus padres ayudaron y motivaron a Chema en su desbordante pasión por el estudio de la ciencia, y ahí encontraron las claves de su felicidad.
Viajó por medio mundo como conferenciante, a países como Estados Unidos, Italia, Francia o Grecia. Los que le conocían no ajenos a los logros de Chema, destacan, asimismo, la calidad humana de este brillante científico, que con su fallecimiento provocó un respetuoso silencio (quizá porque hay sentimientos que ni la ciencia puede explicar) entre profesores, alumnos y trabajadores de la docencia.
El vicerrector de la Universidad de Oviedo, Santos González, recuerda el fatídico día como "el más duro de mi vida como responsable universitario. Se fue un chaval excepcional con un talento innato".
Talento que el propio José María se encargó de cultivar y proteger con el estudio.
Precisamente, el destino quiso que fuera trabajando en su despacho, durante una de las maratonianas noches de investigación que acometía, como le llegara la muerte.
Muchos de los secretos de esta vida ya no eran tales para José María. Quizás en otro mundo se enfrente con la pasión y la fe de siempre a nuevos retos que colmen su inagotable sed de conocimiento.
Hasta siempre, amigo. Nuestra región, tu gente y "esta ciencia" te echarán de menos.