Juan Luis Vázquez Suárez

Alumno del Colegio Loyola (1958-1964).

Premio Julio Rey Pastor de Matemáticas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones 2003

Miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

Extracto de las memorias de D. Juan Luis Vázquez Suárez publicadas en la Nueva España (del 3 al 6 de febrero de 2013), en las que cuenta cómo llegó a ser alumno del Loyola, y de sus experiencias durante su estancia en el colegio.

Seguí en la escuela hasta que cumplí los 10 años y se suponía que al cabo de un tiempo me iba a colocar en Oviedo, que era el porvenir de los chicos del pueblo que querían salir adelante...

Pero en ese momento surgió una cosa sorprendente: la intervención de los extranjeros, que en mi vida me han salvado varias veces... Resulta que el director de la fábrica de La Manjoya, José Crabiffosse, de origen francés, estaba casado con Presen Cardona, cuya familia era de origen cubano, y vivián en Llamaoscura. Sus hijos estudiaban en la misma escuela que yo, en El Condado.

Un día, Presen Cardona, le dijo al profesor de la escuela "Vamos a ver, tú tienes un niño que debe de ser un portento y habría que hacerlo estudiar". Así que cuando yo tenía 10 años y ya había pasado el momento de hacer primero de Bachillerato, se le planteó a mi familia que yo realmente podría estudiar. Mi buen padre, que era una excelente persona, preguntó: "¿Y de donde sacamos el dinero?", y esta mujer no sé lo que habló con él, porque no me lo contaron y no me preocupé de hilar la cosa, pero el asunto es que al cabo de unos meses mi padre estuvo convencido y la idea es que el dinero saldría de algún sitio.

Me puse en enero a preparar ingreso y primero de Bachillerato por libre, con un maestro que creo que era republicano y estaba en el pueblo.

Hice los exámenes y aparecí en 1958 en segundo en el Colegio Loyola de los Padres Escolapios, con una beca de estudios, pero sin beca de comedor, de modo que llevaba de casa la comida en un cabás, una maletita de madera, y comía en la cocina. Fue mi humilde comienzo.

Los escolapios tenían mucho interés en que aprendiáramos y en que tuviéramos una sólida práctica religiosa. Eran muy buena gente y, además, había profesores seglares que daban parte de las asignaturas, lo cual mejoraba mucho el nivel del colegio. Tuve bastante suerta y descubrí que era el más listo del curso y de los de alrededor, y siempre me trataron de una manera personalizada.

Mis necesidades intelecuales las cubrieron, me trataron bien e intentaron que yo fuera normal, y que fuera útil, y me pedían que estudiara un poco más que los otros. Pero como me sobraba tiempo y para hacerme simpático... montaba bastante follón y a uno de los "curas", el padre Jesús Echanojáuregui, se le ocurrió una idea genial: coger a dos compañeros que montaban tanto follón como yo y que yo les diera clase, porque, si lo hacía aprobaban y, si no, los estaba perjudicando. Claro, eso era horrible para un buen cristiano o lo que fuera. Total, que por un procedimiento más o menos voluntario yo me vi dando clases de Álgebra a unos chicos que no tenían ni idea. Pero, ostras, aprobaron y eso es una sensación espectacular cuando tienes tus 12 o 13 añnitos.

Fue algo que potenció mi capacidad de trabajar para los demás en algo que me beneficiaba a mí y al vecino.

Me sucedió otra vez cuando estaba en quinto, que volvía a sobrarme tiempo, y me tuvieron que echar de clase varias veces. La adolescencia...

"Vamos a tener que entretenerte o, si no, te va a pasar algo". Y el padre rector, don Marciano López, me dijo: "Estudia alemán; yo te doy un libro y te lo vas a aprender porque, si no, me voy a enfadar contigo". Era una persona que imponía terror por su autoridad solamente con una mirada. Y me tuve que entretener estudiando alemán, pero descubrí una inclinación natural por los idiomas que siempre he conservado. Es uno de los grandes placeres de mi vida: estudiar idiomas y hablarlos, y, además, creo que se me da bien...

Y después cuando tuve un poco de crisis de ideas, empecé a estudiar Filosofía. En sexto iniciamos un seminario con un alumno interno, después de la comida, en el gimnasio y nos hicimos librepensadores. Y también en aquella época nos hicimos todos un poco yeyés, porque yo tenía un amigo, José Luis Rimada, hijo de los de la tienda de lencería Sarita, que está en el centro de Oviedo..., al que los padres le compraban una revistilla de música francesa...

En las memorias de Juan Luis Vázquez, aparecen mencionadas muchas anécdotas sobre su vida desde niño, y en algunas de ellas se acuerda de algunos de los profesores que tuvo en el Colegio Loyola y que le influyeron positivamente.

En el remoto pasado yo me daba cuenta de que la belleza de las matemáticas no le había llegado al pueblo español. La gente las odiaba y la mayor parte de los niños no las entendían. Pero ese país que vi de niño estaba cambiando. Los profesores del colegio de los Escolapios de Oviedo daban importancia a comprender las matemáticas. Había un profesor, don Primo, que era excelente y dedicado al máximo.

Y al final, como colofón a sus memorias, D. Juan Luis Vázquez, nos habla de la Ética del trabajo.

¿De dónde saldrán las élites dirigentes que formen a un pueblo para que pueda vivir mejor? En realidad, ¿dónde está la ética del trabajo? Esa ética dicen que es de origen protestante y está claro que nos falta. Sin embargo, yo, en gran medida, la recibí y lo agradezco. Era un niño de pueblo y aprendí la ética del trabajo del ejemplo familiar y en el colegio. A mí me dijo el rector de los Escolapios, el padre Marciano López: "Juan Luis, tienes una mente privilegiada y ni se te ocurra desperdiciarla". Exageraba un poco, pero de aquello me he acordado toda la vida.

En el momento de concluir estas "Memorias" paso unos días en Londres visitando por trabajo a un español de las nuevas generaciones, José Antonio Carrillo, profesor del Imperial College, que tiene ante sí un futuro muy prometedor, al igual que un selecto grupo de matemáticos españoles jóvenes cuyos nombres podría enumerar. Quizás ellos lleguen a los más altos niveles a los que otros no llegamos, los de Ramón y Cajal y Severo Ochoa. Y si la suerte es propicia, lo veré desde mi puesto en la UAM o paseando por las calles de Oviedo, o de cualquier otru rinconín de la tierrina. Pues queda mucho por andar.

Notas: La familia Cabriffosse Cardona tuvo en el Colegio Loyola a sus cuatro hijos, Juan Félix (1951 a 1957), José Luis (1957 a 1966), Francisco Javier (1958 a 1966) y a Santiago Alfredo (1961 a 1966).

El compañero citado, José Luis García Rimada, cursó en el colegio desde 1954 a 1964.

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