El domingo 3 de octubre de 2010 falleció D. Juan Rubio Martínez, Orientador y Profesor de este colegio.
El funeral por su eterno descanso se celebró el lunes 4 de octubre, a las 5 de la tarde, en la Iglesia parroquial de San Juan El Real.
Desde aquí deseamos hacer llegar nuestro cariño y solidaridad a su mujer, Patricia, a sus hijos, Álvaro y Ana, a su madre, a sus hermanos, madre política y demás familia.
Será difícil olvidarte.
Descansa en paz, Juan, amigo.
Enrique Alba Peláez (Director)
El jueves 7 de octubre se celebró en la Iglesia del Colegio, una eucaristía en recuerdo de Juan.
En la homilía, el P. Alejandro, dedicó unas palabras muy emotivas al recuerdo de Juan, que a continuación os ponemos.
En estos momentos pienso que expreso el sentimiento de todos. Estamos aquí reunidos para expresar nuestra cercanía, nuestra solidaridad y nuestra amistad a quien ha sido para vosotros su orientador, su amigo, su familiar.
Juan fue un hombre sencillo, entregado a su tarea, cercano a todos los que le trataron. Deja, creo yo, un recuerdo profundo y grato de humanidad. De una manera sencilla vivió los valores más humanos, los que llegan al corazón y quedan grabados en un recuerdo agradecido.
Él fue un hombre responsable, trabajador, familiar. Amaba, creo yo, la vida sencilla. Disfrutaba de su tiempo libre. Le gustaba vivir de y en la naturaleza, descubrirla, aventurarse en ella, admirarla.
Sobre todo, estaba apoyado en los suyos. Fue un hombre que vivió para su familia. Por encima de todo vivió los valores sencillos, esos que todos podemos vivir. Fue un hombre como tantos y tantas de los que estáis aquí y de los que también han pasado.
Probablemente Dios no pide más. Él se manifiesta en las personas de buen corazón y en ellas se nos muestra como un Dios sencillo, como un Dios acogedor, como un Dios que no está en la grandiosidad lejana, sino en la cercanía de las cosas pequeñas y de las cosas más elementales. Quiero pensar que esta forma sencilla de caminar por la vida es la que caracterizó a Juan y es la que le ha llevado al encuentro con el Padre.
Nos lo recordaba el Evangelio que hemos escuchado. Jesús se dirige al Padre y le da las gracias por la gente de buen corazón, sencilla, que pasa por el mundo sin hacer ruido, pero haciendo el bien y haciendo las cosas bien, dejando buen rastro por dondequiera que pasan. Dios se complace en las personas que son así: normales, corrientes, pero que están ahí. En el fondo, nos sentimos muy a gusto cerca de ellas.
En la calma y en la profundidad de este momento de recuerdo y oración es bueno creer todo esto. Creer que merece la pena vivir así, ser así: buenos de corazón, sencillos, alegres, entregados a lo que llevamos entre manos.
Esta tarde nos unimos a la oración que hacía Jesús al Padre. La hacemos junto a Juan, junto a su familia. “Te damos gracias, Padre, por la Esperanza que anima nuestra vida. Sabemos que nada de lo que se ha hecho con amor se va a perder. Tienen sentido todos los valores que dan sentido a nuestra vida: la fe, el amor a Dios y a nuestro hermano mayor Jesús, la justicia, el diálogo, el encuentro amistoso con los demás.
Padre bueno, dueño de la vida y de la muerte, ponemos la vida de Juan y la nuestra en tus manos. Míranos con misericordia y danos tu paz. Aviva en nosotros, Señor, la luz de la fe para aceptar este misterio y creer que el amor es más fuerte que la muerte.
Mira, Señor, con bondad la aflicción de los que sienten la muerte de Juan: su esposa, sus hijos, su madre, los alumnos del Colegio, sus compañeros de claustro, sus hermanos, parientes y amigos. Que sientan tu presencia, Señor, porque Tú eres la Resurrección y la Vida.
Que encuentren el consuelo de tu Espíritu, la riqueza de tu amor, la esperanza de tu providencia que abre caminos de renovación y asegura a los que aman un futuro mejor.
Te damos gracias, Padre, porque en la fe, el dolor nos acerca más a Ti y en él crece la solidaridad y la hermandad de todos los que abren el corazón al hermano necesitado.
Dale a Juan, razón de nuestro encuentro aquí, el descanso después de sus trabajos, la luz y la paz junto a Ti. Y a los que hemos de seguir viviendo, peregrinos en este valle de lágrimas, danos la esperanza de reunirnos contigo, en tu casa Paterna, donde tu Hijo Jesús nos ha preparado un lugar y la Virgen María nos guía hacia la Comunión de los Santos.
Con esta esperanza seguimos esta Eucaristía que celebramos a favor de Juan.
Oviedo, 7 de octubre de 2010.
P. Alejandro Martínez Sánchez