El sábado 9 de Septiembre de 2006, D. Luis Velasco nos dejó. Tenía 59 años.
El lunes 11, a las 19,30 h. se celebró el funeral por su eterno descanso en la Iglesia del Colegio Loyola
La familia, Julia su mujer, sus hijas..., agradecen la presencia de todos los que vinieron a despedirse de su Luis.
A TI MAESTRO Y COMPAÑERO
Querido Luis:
Cuando nuestra Santina recogía su manto, después de haber pasado un gran día con nosotros, en su último pliegue quiso recogerte y llevarte con Ella.
Lo hizo porque sabía lo que estabas pasando, y quien experimentó el amor del Padre, quiso que tú también lo experimentaras, por eso te cogió de su mano y te hizo entrar en el Reino con ella y acabar con tu sufrimiento, después de un día en el que toda Asturias la rindió homenaje, y tú también lo hiciste desde tu dolor y tu valentía.
Te fuiste en fecha señalada porque tu fidelidad a la Madre así lo requería, y el Padre te lo premió.
Si he elegido este título para dedicarte estas líneas es porque bien lo merecen los 40 años que ibas a comenzar hoy precisamente, a la falda del Naranco en tu querido Colegio Loyola.
En este un tiempo son muchos los recuerdos, en el desarrollo de una labor seria, responsable y entregada desde la vocación de educador que siempre demostraste.
Te pido perdón por el atrevimiento de estas líneas, ya que por el poco tiempo que hemos convivido no sea yo la persona que mejor las pueda contar, otros tendría mucho más que decir, pero creo que como homenaje agradecido sabrás aceptarme estas torpes palabras.
Muchos ovetenses en estos años han recibido todo aquello que "D.Luis Velasco", ha sabido entregar de su ser y su persona.
Por eso te he llamado maestro y no profesor, porque no sólo recuerdan de ti los conocimientos, sino otras muchas cosas que llenan más y que nunca se olvidan: construir personas, y eso desde tu humanismo lo supiste hacer muy bien.
El Loyola y sus paredes también están tristes porque en mucho tiempo no van a oír la gaita tocando Las Campanas, en honor a S.José de Calasanz, personaje al que también quisiste y al que supiste imitar en el aula y la escuela. Por ello, seguro que cuando te viera llegar de mano de la Santina, salió a tu encuentro para darte las gracias por los años vividos en su casa, y sobre todo por el desgaste vocacionado de tu persona, en el bien de tantos niños como hizo él y quería que todos hiciéramos en sus Escuelas Pías.
Sabes muy bien lo que aquí dejas, y a quien dejas. Julia seguirá siempre teniéndote presente en el recuerdo en todos los momentos, porque han sido muchos años juntos las veinticuatro horas del día. Pero sabe que sigue teniendo el apoyo y la fuerza de Velasco García, recogida en Julia y Esther uniendo a ellas el cariño de Ángel e Iván y sobre todo el del "ángel de la casa" por excelencia.
Ellos harán que su vida vuelva a tomar la normalidad, dentro de las dificultades, y sobre todo apoyarán su labor en el colegio y en casa.
Por eso estate tranquilo, queda en buenas manos. Además como sabe ser buena compañera, tendrá también el apoyo y la fuerza de todos los que compartimos con ella tarea educativa.
Y si ves que flaquea, desde allí arriba, en esas horas de patio y recreo que compartíais y paseabais, hazte tu presente y envíala tu fuerza y tu apoyo.
Que siga sintiendo que caminas a su lado alrededor del campo de arena, o bajo el cubierto los días de lluvia.
Muchos son los que han pasado a darte el último adiós, y tú mismo lo habrás comprobado.
Era la muestra sincera y sentida de todos aquellos que te hemos querido y que con nuestra oración sincera y callada queríamos decirte tantas y tantas cosas como nos hubiera gustado compartir contigo estos últimos días, y que por tu estado no hemos podido hacer para respetar la intimidad y para que esos últimos momentos los disfrutaras con los que más querías.
Todo lo que empezó en las vísperas de navidad, y que parecía sin importancia, se fue complicando, pero siempre mostraste tu entereza, superaste tus miedos a los médicos, inyecciones y todo lo que se presentaba, porque tu fuerza de voluntad y tu espíritu de lucha así te lo pedían, pero de forma especial tus ganas de vivir. Pero eran unas ganas de vivir desde la fe.
Tú desde el principio dijiste que no tenías miedo y te ponías en las manos del Padre y aceptabas su voluntad.
Todo un ejemplo de fortaleza y sobre todo de cristiano convencido.
Supiste apoyarte en el mejor consuelo que podías encontrar y eso te llevo a soportar todo, a no quejarte, a evitar que los tuyos sufrieran con tu sufrimiento, que era mucho.
Y así con ese esfuerzo se te pudo aún volver a ver paseando por Oviedo, tomarte incluso unos culines como a ti te gustaba, o a saborear la paz y el descanso que te brindaba tu Ribadesella querida a lo largo del verano.
Los últimos días allí, fueron duros; hubo que interrumpir el descanso y volver a Oviedo a empezar de nuevo… para llegar al fin.
A todos nos queda el consuelo de que ese final ha llegado con paz, con tranquilidad, asumiéndolo y poniéndote en las manos del Padre.
Esta actitud es el mejor regalo que podías hacer a Julia y a los tuyos, y es que hasta el último momento has sabido interpretar lo que ellos querían y esperaban de ti y se lo has sabido dar.
Todo un ejemplo de la persona que se ha curtido durante muchos años en el trato con gente de todo tipo, y de muchas generaciones.
Eso te honra compañero. Compañero en la enseñanza y maestro para todos los que te hemos conocido y disfrutado.
No voy a quitarte más tiempo leyendo esto.
Quiero que disfrutes estos primeros momentos de las bondades que el Reino te presenta, y que seguro estás compartiendo con muchos seres queridos, pero de manera especial con el Padre Amoroso y su Madre Santísima que te quiso llevar con ella cogido de su manto.
Querido maestro, querido compañero, disfruta este nuevo estado, recuerda a los que aquí has dejado, échales una manita siempre que lo necesiten, y no te olvides de tu Loyola, de sus problemas y dificultades.
Nos queda el consuelo de que ya tenemos otro más que intercede por nosotros ante el Padre.
Una vez más te pido perdón por este atrevimiento a la vez que dirijo al Padre mi oración por ti y los tuyos.
Maestro, amigo, compañero, recibe el sentido y profundo abrazo del último de los muchos directores que has tenido.
P.Enrique Rodríguez.