Nos disponemos a iniciar nuestra celebración. Hoy es un día grande.
Cuando estos niños y niñas fueron bautizados, sus padres y padrinos se comprometieron a educarlos en la fe y conducirlos a la Eucaristía.
Hoy os creemos capaces de presentaros a Dios Nuestro Padre para recibir a su Hijo Jesús.
Eran tan felices que se convertían en modelo para los no creyentes
... De ahí que no deba de encerrarse ninguna familia en su propio hogar familiar, sino abrir su vida y sus obras a los demás
Ahora nosotros, y muy especialmente sus padres, tenemos la responsabilidad de ayudarles con el testimonio de nuestra vida; el mundo será bueno si tú y yo somos menos malos...
Nada hemos hecho en nuestra vida mejor que crear a estas personas
Esta es nuestra casa. Por eso te presentamos estas llaves como símbolo de que podremos entrar y salir cuando queramos.
A veces se nos hacía larga la espera, parecía que nunca llegaba el momento.
Que nuestra puerta esté abierta a los demás, que el fuego esté encendido
En mi grupo unos son altos, otros bajos; morenas unas, rubias otras; los hay flacos y gordos y medianos; las tenemos con ojos azules, claros y castaños. Todos hijos de Dios, todos hermanos...
Quiero ser siempre tu amigo. Quiero amarte con todo mi corazón.
Señór, haz de mi un instrumento de paz; donde haya guerra, yo ponga paz; donde haya odio, yo ponga amor.
No permitas, Jesús, que jamás me separe de tí.
Jesús, tienes que ayudarnos, porque somos muy débiles y pequeños.
Yeray, Martín, Sergio, Álvaro, Santiago, Mario, Pablo, Alberto, Ignacio, Andrés, Daniel, Irene, Luis, Celia, Marina, Naomí, Marina, Ana, Jesús, María Cristina
Ellos nos acompañaron también cantando.
(Textos extraídos de la celebración)