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Via Crucis - 5 de Abril de 2006

El Vía Crucis es un ejercicio piadoso y comprometido. Queremos seguir a Jesucristo en su camino del Calvario. Queremos comulgar con sus padecimientos para conocerlo mejor y para participar en su resurrección. Queremos a su vez comprometemos con cuantos hoy continúan soportando cruces o siguen clavados en la cruz. Cristo aún camina con la cruz a cuestas entre nosotros. No es que la cruz de Cristo sea muy grande, es que Cristo está en todas las cruces. Hay caminos de cruz en Jerusalén, en Roma, en todas las ciudades y pueblos del mundo, en todas las familias y comunidades de la sociedad. El camino de la cruz es tan grande que nunca le agotaremos, y es tan piadoso que nunca nos cansaremos; comprendemos y no acabamos de comprender. El misterio no está en la cruz, sino en el que está crucificado en ella. La cruz sola es maldición, la cruz con Cristo es fuente de bendición.

I Estación

Jesús es condenado a muerte

Viacrucis

Jesús es condenado a muerte siendo justo. Fue condenado a muerte por los poderosos de turno, las autoridades religiosas y políticas. También el pueblo intervino en la condena. Una mancha democrática. Pero no siempre la mayoría significa la verdad. -¿Qué es la verdad? -La verdad, Pilato, la tienes delante, y no la ves, porque no eres limpio de corazón. La verdad está en dar la vida por los demás. Y en caso de duda, no te laves las manos, consulta al corazón e inclínate hacia la misericordia. ¿Cuántos Sanedrines y Pilatos? ¿Cuántos inocentes condenados? Y todos nos lavamos las manos.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

II Estación

Jesús carga con la cruz

La cruz es dura, pesada, repugnante. Es el cáliz que Jesús no quería beber. La cruz significa dolor, contrariedad, humillación. La cruz es enfermedad, angustia, tortura, muerte. ¿Quién puede querer la cruz? Pero Jesús cargó con ella, bebió la copa amarguísima hasta el final. Esta cruz de Jesús era la cruz del mundo, el peso de todos los hombres, con sus pecados y sufrimientos. ¿Quién puede calcular su peso? Cuando a ti te duele algo, ya le estaba doliendo a Jesús. Y Jesús besó la cruz antes de cargar con ella. Desde entonces, la cruz deja de ser maldita: Has besado la cruz, el sufrimiento, cargaste con la cruz, enorme peso. Ya no pesa la cruz desde tu beso, ya el dolor de la cruz es sacramento.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

III Estación

Jesús cae por primera vez

Jesús, que era hombre, estaba realmente agotado: vigilia, malos tratos, azotes, corona de espinas... Y ahora la cruz encima, el peso del mundo sobre sus espaldas. Se necesitaba la fuerza de Dios, pero prescindió de ella desde el principio. Y cae Jesús en tierra. Lo levantan con violencia. Déjame, Señor, que yo te levante. Todavía sigues cayendo en tantos her- manos que no pueden con su cruz. Me fijaré a lo largo del camino. Quiero ayudarles desde mi debilidad.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

IV Estación

Jesús encuentra a su madre

La figura de María no es secundaria en todo el misterio de la Redención. La madre estaba siempre cerca de su hijo, asumía profundamente todo su dolor y compartía su amor. Cada llaga del hijo era una espada más en el corazón de la madre. María, mujer fuerte y compasiva, bebe el cáliz de Jesús, no lo puede abandonar. Aunque el Padre "lo abandone", la madre no. Sin ella Jesús se hubiera encontrado más solo. Stabat mater... La madre está también muy cerca de cuantos hijos caminan con el peso de la cruz y alivia sus heridas con el bálsamo de su misericordia. Yo también confío en ella. Yo también quiero ser como ella.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

V Estación

El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

La cruz le pesa a Cristo demasiado, como si no hubiera medido bien las fuerzas. Cristo es un Dios "débil", por eso le queremos más. Cristo es un Mesías que se deja ayudar, que si la madera se lleva entre dos es llevadera. Simón, el Cireneo, es ángel que acompaña, que ofrece su hombro, que se solidariza con todo sufrimiento. Él no lo sabía, pero al ayudar a Cristo, estaba ayudando a Dios. Yo quiero ser Simón de Cirene. Ayúdame, Jesús, para que yo pueda ayudarte; ayudarte aún sin saberlo.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

VI Estación

La Verónica limpia el rostro de Jesús

Viacrucis

La Verónica es una estampa femenina de la ayuda a Jesús. Es mujer delicada y valiente. Conmovida al ver el rostro sanguinolento de Cristo, superando miedos y barreras, lo enjuga con el lienzo de su ternura. Es para Jesús un alivio físico y psicológico. Se siente mejor por lo que el gesto significa. Así, agradecido, dejó la verdadera imagen de su rostro en el velo generoso. Bonita misión la de ser Verónica. Hay muchos rostros torturados, sangrientos. Faltan manos generosas y lienzos compasivos. En cada lienzo de misericordia Cristo está dispuesto a grabar su veron-icono.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

VII Estación

Jesús cae por segunda vez

El camino se hace más duro y la debilidad de Jesús es extrema, por eso vuelve a caer. Se le nublan los ojos, algún empujón quizá, algún tropiezo... "Cuando yo tropecé, se alegraron de mi caída... Cruelmente se burlaban de mí" (Sal 24, 15-16). Pero Jesús besa nuestra tierra dura. Quizá sea necesario para ablandar la dureza humana. Jesús se solidariza con todos los que caen una y otra vez. Es lo propio nuestro. No nos escandalicemos de las caídas reiteradas. No nos burlemos de las caídas. Ayudémoslos. Jesús se levanta y sigue su camino. Dame fuerza cuando yo caiga para que pueda levantarme.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

VIII Estación

Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Jesús lloró por Jerusalén y por sus hijos. Las hijas de Jerusalén lloran ahora por Jesús. Ellas no pueden ayudar con sus manos, ayudan con su compasión. Sus lágrimas son la mejor ofrenda. Había buena gente en Jerusalén. Estas mujeres son parte del pueblo pobre y humilde de Jahveh. No pueden hacer otra cosa, pero aman con sus lágrimas, protestan con sus lágrimas, rezan con sus lágrimas. Ojalá abundara esta buena gente. ¡Necesitamos hoy tanto la compasión! Son más los árboles secos y los corazones duros. Jesús, olvidándose de sí mismo, de su martirio, consuela a las mujeres que querían consolar. Que sea yo también un ángel del consuelo.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

IX Estación

Jesús cae por tercera vez

Quizá a pocos metros del final Jesús vuelve a caer. Todo un símbolo de la debilidad humana o de la crueldad humana. Es el momento en el que ya no se puede más. Jesús mismo hubiera deseado que todo terminara allí. Lo que le esperaba no era nada gratificante. Si el grano de trigo no cae en tierra, no puede llevar fruto. Jesús llevará mucho fruto. Pero ahora, sacando fuerzas de flaqueza, vuelve a levantarse. El cáliz hay que beberlo hasta el final. ¡Cuánto se puede cuando ya no se puede más! Nosotros, a veces, cuando ya estamos a punto de coronar la meta, nos cansamos y volvemos atrás. Ayúdanos, Señor, a ser fieles hasta el fin.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

X Estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

Jesús se despojó primero de su dignidad y su grandeza. Ahora los soldados le despojan de los vestidos que le quedan. A cuerpo limpio. Y le despojan también de su dignidad, expuesto a la pública vergüenza. "Despreciado, desecho de los hombres, como uno ante quien se oculta el rostro" (Is 53, 3). A Cristo despojado le pedimos tres cosas: " Que sepamos despojamos de lo superfluo. " Que sepamos vestir a quienes hayamos despojado de sus bienes o su dig- nidad. " Que denunciemos los crueles despojos que hoy se siguen cometiendo.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

XI Estación

Jesús es clavado en la cruz

En la cruz Jesús es dolor vivo, paciencia temblorosa, oración desgarrada, perdón ensangrentado, generosidad sin límites. La maldad y la violencia humanas se concentran en el tormento de la cruz. Nunca hay razón para crucificar a un hombre, menos si es un hombre inocente, menos si es un hombre-Dios. Jesús ya no puede moverse, sólo esperar en agonía la muerte amiga. Y la sangre no deja de correr. Se están lavando los pecados del mundo. Se escuchaban gritos desgarradores de otros condenados. Jesús grita también, pero el perdón: Abba, perdona; y grita el abandono: Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Oímos nosotros los gritos de los que están hoy crucificados?

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

XII Estación

Jesús muere en la cruz

Larga y terrible agonía. Jesús se está bautizando en el bautismo deseado. Está encendiendo un fuego que se ha de extender por toda la tierra. Está ofreciendo la Eucaristía. Está enseñando al mundo hasta dónde llega el amor. En la cruz sigue siendo el gran maestro: ahí es donde mejor aprendemos la oración, la paciencia, el perdón, la generosidad, la confianza, la entrega. Nos entrega a su madre. Nos entrega la sangre y el espíritu. Y queda con los brazos abiertos para abrazar el mundo. Después inclinó la cabeza. Triunfó la gracia. Ahora todo será gracia. El velo del Templo se rasga. También rasgarán su pecho. Y Dios todo abierto. Ya todo es gracia.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

XIII Estación

Jesús es puesto en los brazos de su madre

La secuencia del descendimiento es muy piadosa, porque el hijo fue devuelto a los brazos de la madre, la Pietá. María lavaba el cuerpo del hijo con sus lágrimas y besaba sus llagas con un amor intenso de comunión. María está comulgando con la pasión y muerte de Cristo. María, corredentora, está ofreciendo la Eucaristía. Ella es sacerdote y altar. En el Calvario María perdió a su hijo. De algún modo mueren el hijo y la madre. Pero de la muerte brotará la vida. María podrá abrazar a Juan como hijo y dará a luz hijos incontables, madre de todos los creyentes. El parto fue muy doloroso, pero muy fecundo. Gracias, Jesús. Gracias, madre.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

XIV Estación

Jesús es sepultado

Viacrucis

El Ungido fue nuevamente ungido con óleo de compasión. Y fue sepultado en un sepulcro nuevo, excavado en la roca, en un huerto. Empieza el gran descanso y el gran silencio. Había sido enterrada la Palabra y el Señor el Sábado. Era tiempo de pena y de recuerdos. ¡Qué vacío! Pero era tiempo, sobre todo, de esperanza. Se ha enterrado el Amor, que es más fuerte que la muerte. Se ha enterrado la Vida, que no puede morir, lo duerme. Serán tres momentos. Después despertará y volverá con gloria. En adelante el reino de la muerte está tocado de muerte.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

XV Estación

Jesús vence la muerte, resucita y continúa vivo

Viacrucis

Lo último para todos será la Resurrección. Él ya no está allí y el sepulcro está vacío. Está aquí entre nosotros, irradiando paz. Está aquí resucitando y resucitándonos. Él es nuestra Pascua, nuestra vida y nuestro espíritu Se hace presente en nuestras vidas y le pedimos que haga: " Nuestras manos pascuales abiertas, unidas generosas y liberadoras " Nuestros pies pacíficos, ligeros, samaritanos " Nuestra mente comprensiva, sincera, amistosa " Nuestro corazón pascual, limpio, compasivo y solidario Como personas pascuales estaremos siempre viviendo la Pascua, ese paso que va de la muerte a la vida, del pecado a la gracia.

Señor pequé, tened piedad y mesericordia de mi

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