En el patrocinio de S.José de Calasanz vamos a reflexionar sobre el personaje que nos ha reunido aquí, y de una manera especial en su obra y lo que aportó al mundo de la educación y de la pedagogía. No cabe duda que tuvo que ser algo importante, cuando después de más de 400 años seguimos hablando de él y sus hijos unidos a su obra, seguimos vivos.
A la hora de comenzar a hablar de un personaje que marca una época dentro de la historia, tanto por su dimensión religiosa como pedagógica, conviene que empecemos realizando una breve biografía sobre el mismo. Un repaso por su vida sin grandes ambiciones históricas, pero que nos sirva para que todos sepamos en qué momento histórico nos estamos moviendo.
José de Calasanz nace en 1557 un pueblecito aragonés. Peralta de la Sal es un pueblo de la provincia de Huesca, aunque perteneciente a la diócesis de, Urgel en la época a la que nos estamos refiriendo. Posteriormente pertenecerá a la de Lérida, y desde la última reestructuración de diócesis, a la de Barbastro.
Lo hace dentro de una familia acomodada, ya que su padre, Pedro Calasanz, era baile (cargo común en la corona de Aragón con funciones de representación señorial, cobranza de tributos y administración de justicia). Además era el propietario de una herrería en Peralta. Su madre, María Gastón, también procedía de los infanzones. Era pues, una familia que denota una posición no común tanto a nivel social como económico.
Crece en un círculo familiar numeroso, formado por cinco muchachas y tres muchachos, ocupando José el octavo puesto.
Su primera infancia la pasa en su pueblo natal, rodeado de su familia y sus amigos, con las diversiones y entretenimientos de los niños de su época, aunque los hagiógrafos primeros pretendieran ya desde los inicios rodearlo de un álito de santidad nada propio de un niño. Lo que sí es cierto es que el ambiente de su casa era un ambiente de piedad, que a él le marcó profundamente en el temor de Dios y la devoción a la santísima Virgen, hechos significativos en su vida y posteriormente en sus escuelas.
En Peralta estudia las primeras letras, donde pronto recita de memoria "los Milagros de Nuestra Señora", de Gonzalo de Berceo y allí también aprendió el catecismo. Lo que no había en Peralta era escuela de Latín, por lo que sus padres deciden enviarle a Estadilla, con los PP.Trinitarios, probablemente entre los 10 y 14 años. Terminada esta etapa José de Calasanz va a completar sus estudios en Lérida, Valencia y Alcalá de Henares.
Podríamos hacer la siguiente síntesis:
Ya a los trece años manifestó a sus padres el deseo de ser sacerdote, cosa lógica teniendo encuentra su estancia con los PP.Trinitarios y del ambiente que le rodeaba (Trento estaba recién terminado). Hay muchas anécdotas de esta época estudiantil, que narrarlas nos lIevaría toda la sesión. Importante el papel que tuvo como delegado de los estudiantes aragoneses en su época de unversitario.
Sí destacar su corta estancia en Valencia, cosa que se achaca a la tentación de una bonita señora. Su deseo inicial de sacerdocio y negativa de su padre una vez que muere su hermano. Se dice que fue el hecho de caer enfermo lo que cambió la opinión de su padre. El 17 de diciembre de 1583, por fin consigue su sueño, siendo ordenado sacerdote en el castillo de Sanahuja, residencia de invierno de los obispos de Urgel, por Fray Ambrosio de Moncada, cantando su primera misa en su Peralta natal en las navidades de 1583.
Ordenado sacerdote, hay un período donde los biógrafos pierden un poco la pista de nuestro personaje, pero sí hay unanimidad en afirmar que estuvo al servicio de varios obispos, e incluso llega a intervenir como Secretario en las cortes que se celebran en Monzón en 1585 convocadas y presididas por el rey Felipe II. A Calasanz, estos obispos le encargan misiones importantes dentro de la Iglesia (Reforma del monasterio de Monserrat, reforma de los agustinos, visitas apostólicas,etc...)
En 1586, llega de nuevo a Peralta, estando al servicio del cabildo catedralicio de Urgel. En noviembre de ese mismo año muere su padre, y a principios del 87, José parte de nuevo para Urgel, donde se le nombra maestro de ceremonias de la catedral y Secretario del cabildo. A su vez es el responsable de varios pueblos del Pirineo catalán, que Calasanz recorrerá asiduamente, siendo a la vez Vicario General de su arciprestazgo.
Un buen día Calasanz decide olvidarse de Ortoneda, Claverol, Tremp y Seo de Urgel, y se va a Roma ¿por qué? Todo apunta que Calasanz cuando emprende este viaje lo hace buscando algún beneficio eclesiástico, en concreto una canonjía. El primer dato claro de Calasanz en Roma es el 27 de febrero de 1592.
Las cosas se le van complicando a Calasanz en su estancia en Roma, o al menos no van todo lo rápido que él quisiera. Para pasar sus días empieza a buscarse labores pastorales. Así es acogido por el Cardenal Marco Antonio Colonna para ser preceptor de sus sobrinos y teólogo del propio cardenal a la vez que el capellán de Palacio. En estos años van produciéndose en España vacantes de canonjías, pero ninguna le es concedida a Calasanz, hasta que en 1599 decidió que ya nunca sería canónigo. Calasanz reside en el palacio Colonna durante diez años, pero esto no le va a privar de estar en contacto con la Roma de los pobres. Él buscó la pobreza, la encontró e incluso se enamoro de ella. Para ello se inscribe en varias cofradías que dedican sus horas a la atención de los pobres. Es importante su paso por la cofradía de los "Doce Apóstoles", la de "La Doctrina Cristiana", la de la "Sma. Trinidad de Peregrinos y Convalecientes", la de las "Llagas de S.Francisco",y otras. A su vez todos los días visitaba las siete iglesias de Roma, y aún encontraba tiempo para peregrinar a los santuarios de Italia.
El contacto con todas esta situaciones y realidades sociales es lo que le va a llevar a cambiar de opinión, olvidándose de aquello que en un principio venía buscando a Roma.
Podríamos seguir citando datos biográficos de nuestro personajes, pero dado que a partir de este momento toda su vida va ligada al nacimiento y funcionamiento de sus escuelas, vamos a hacerlo unido a esta segunda etapa.
Aquí se va fraguando el nacimiento de las Escuelas Pías. El lo narra así en 1644 al P .Berro:
En cuanto al principio de las escuelas, yo me encontré con otros dos o tres de la Doctrina Cristiana que iban al Trastévere a dar clase en ciertas escuelas que había en Stª.Dorotea, en las cuales, dado que gran parte de los alumnos pagaba cada uno un tanto al mes y de los compañeros había quien venía por las mañanas y quien lo hacía por la tarde, me decidí al morir el párroco que nos prestaba una salita y una habitación en la planta baja, a meterlas en Roma, conociendo la gran pobreza que había, por haber visitado yo, siendo de la Cofradía de los Santos Apóstoles seis o siete años, todos los barrios de Roma,' y de los compañeros que tenía en el Trastévere uno solo me siguió, y fue puesto en Roma el instituto, que poco a poco se hizo Congregación y luego ReligiónAl descubrir las necesidades que los niños van teniendo en Roma son dos las razones que le llevan a dedicarse en alma y cuerpo a su educación:
Aquí empieza una nueva trayectoria en la vida de José de Calasanz y la de su futura Orden de las Escuelas Pías. Para entender un poco porqué José de Calasanz se embarcó en esta empresa, hagamos un repaso de la situación escolar de la escuela romana en esa época. En cada uno de los trece o catorce barrios romanos había al menos una escuela pública municipal, en la que los maestros asalariados por las autoridades del Capitolio debían enseñar por obligación no sólo a leer, escribir y contar y algo de latines sino también la doctrina cristiana. Los niños no iban a estas escuelas ya que salvo algunas excepciones, (seis u ocho niños) todos los alumnos debían pagar algo, y los demasiado pobres no podían. Consecuencia de esto era el analfabetismo y las lacras sociales que de éste de derivan en esta clase social, bastante numerosa en Roma. Cuando Calasanz descubre esta situación no va a descansar hasta encontrar la solución apropiada.
Él comienza en 1597 con un grupo de niños a enseñarles a leer, escribir, ábaco y algo de gramática según su capacidad en la Sacristía de Stª.Dorotea, todos los días, apoyado por algunos cofrades de la Doctrina Cristiana. La fama de su escuelita se fue extendiendo y fueron muchos los muchachos, no sólo del Trastévere, sino de toda Roma los que fueron llegando a ella. Lo único que Calasanz había hecho era transformar aquella escuela parroquial de barrio en una escuela distinta: una escuela gratuita y reservada para los más pobres. La cosa era noticia, y su novedad corrió por toda Roma, acudiendo al Trastévere niños de otros barrios de Roma. Las dos primeras salitas que el párroco había puesto a disposición de Calasanz, pronto se quedan pequeñas y se ve en la necesidad de alquilar una casa contigua. A pesar de que el número de maestros se quedaba pequeño para el número de solicitudes, él mantenía a su costa mayor número de operarios, de manera que ningún niño se quedase fuera de aquel maravilloso proyecto.
El día de Navidad de 1598 tuvo lugar una de las más catastróficas riadas del Tíber que se recuerdan en Roma, siendo el Trastévere uno de los barrios más castigados . Santa Dorotea también se vio afectada por este hecho, quedando la escuela recién fundada en nada. Esto en principio a Calasanz le preocupaba poco y puso todo su empeño en salvar al mayor número de víctima posible, volviendo a prodigar caridades por la calle en compañía de personajes tan importantes en la historia de la Iglesia, como Camilo de Lelis.
Los fondos que Calasanz dedicaba a sostener sus escuelas en un primer momento tuvieron que ser destinados a otros menesteres más imperiosos. Esto le lleva a plantearse que las escuelas no pueden continuar llevadas por la provisionalidad y le hizo pensar en una solución estable. A esto hay que añadir que en 1600 muere D.Antonio Brandini, el párroco de Stª.Dorotea, que había sido para Calasanz un amigo y un protector de sus escuelas. Esto unido, a la incomodidad que suponía para muchos alumnos llegar desde la otra punta de Roma a Stª.Dorotea, hace que Calasanz traslade sus escuelas, a un lugar más amplio y cercano para todos. Así ese año instala sus escuelas en la Plaza del Paraíso. Esta ampliación de las escuelas supone que Calasanz vaya disminuyendo su actividad en las distintas cofradías, a la vez que va aumentando la fama de sus escuelas, hasta el punto de que en 1601 el papa Clemente VIII, conocedor de ellas se muestra dispuesto a ayudarlas económicamente. Tampoco había perdido el apoyo de la cofradía de la Doctrina Cristiana; por eso presentó a la misma sus escuelas para que las tomase como una actividad de ella obteniendo una respuesta negativa, aunque seguirían ayudándole en la medida de lo posible. Dado el fracaso del intento, y aprovechando la ocasión que se presentaba para elegir presidente de la Cofradía, Calasanz se presenta a las elecciones, con el objetivo de conseguir así algo positivo. En las mismas resulta derrotado, perdiendo así la última oportunidad de que la Cofradía de la Doctrina Cristiana se quedase con sus escuelas. Son fracasos externos que en los caminos de Dios serán considerados como triunfos.
Han pasado diez años, y aquel hombre que venía de España con aires de triunfador y casi con el billete de vuelta en el bolsillo, se encuentra aún en Roma, y sin haber conseguido nada significativo aparentemente.
En 1602 las escuelas del P.José ya tienen 700 alumnos; los locales de la plaza del Paraíso se han quedado pequeños, y es necesario un local mayor. Mns.Vestri, informado de la labor que estas escuelas están haciendo en Roma, decide prestar su palacio para tan noble obra. Es aquí cuando el nombre de Escuelas Pías aparece ya como propio de la obra de Calasanz. A la vez Mns. Vestri se encargará de interceder ante el Papa, no sólo para que apruebe el instituto, sino para que incluso le ayude económicamente, consiguiendo una ayuda de 200 escudos, que servían para pagar el alquiler del palacio.
Los maestros que colaboraban con Calasanz iban a su vez creando el bosquejo de una vida común, intensificado el ambiente espiritual, lo que lleva a conocer aquella obra con el nombre de la Congregación de las Escuelas Pías. La piedad y las letras serán su lema. Todos los que convivían van aceptando los votos de la vida religiosa.
La fama de las escuelas va creciendo y llega al mismo Vaticano. Desde allí, mandan dos cardenales que visiten las mismas (como nuestros actuales inspectores), ante los rumores que en Roma iban corriendo: maravillosos entre los pobres, endemoniados entre los ricos.
Aquí empieza la batalla más dura que Calasanz va a tener que librar. Los maestros municipales empiezan a enfrentarse a Calasanz, porque dicen que no todos los niños que acoge en sus escuelas son sumamente pobres. También los nobles y católicos señores comienzan a acusarle de que en sus escuelas se cobijan niños no cristianos. Los mismos colaboradores de Calasanz, ante el ritmo de trabajo y de vida en que se ven envueltos, parecen encontrarse faltos de fuerzas para continuar con la labor iniciada y en medio de este "mare mágnum", sus escuelas siguen creciendo.
Algunos empiezan a alegrarse de estos problemas, y más cuando los papas que parecía protectores de la obra de Calasanz (Clemente VIII y León XI), mueren rápidamente. La sucesión por parte de Paulo V, fue un respiro y un apoyo importante para el propio Calasanz. Por sus escuelas continuaba el desfile de cardenales y visitadores del Vaticano. A su vez las rentas y bienes que Calasanz recibía aún de España, se van apagando. Esto lleva a sus maestros y a él a mendigar por las calles al acabar las clases pidiendo el dinero necesario para pagar el alquiler del edificio, y para poder mantenerse ellos mismo. Es otro rasgo, este de la dureza y la pobreza suma que algunos de sus colaboradores no aceptan y se van descolgando de toda esta labor.
A finales de 1612 los alumnos llegan a 800, y se impone un nuevo traslado. Este será el definitivo. Es necesario olvidarse de los alquileres y comprar algo que deje esa sensación de provisionalidad. Así, entre la mezcla de la caridad y la fortuna, consiguen comprar S.Pantaleón que será ya la casa definitiva, y donde se desarrollarán las escuelas hasta el final de los días del mismo Calasanz.
Aunque parece que estamos ya en una estructura consolidada, aún Calasanz, va a seguir dando muchas vueltas, y llamando a muchas puertas, para ver si alguien quiere hacerse cargo de esa obra, que a él le cuesta reconocer como suya, o al menos cargar con ella. Así acude a la Congregación Luquesa, con la que se une durante un tiempo, y que debe desistir ya que el experimento fracasa. Llama a las puertas de otras órdenes religiosas, y la respuesta siempre va a ser la misma: la educación de los pobres no interesa ni tiene futuro en la sociedad italiana del S.XVII.
Así el 25 de marzo de 1617, Calasanz y sus 14 colaboradores, visten por primera vez el hábito, naciendo oficialmente la Congregación de las Escuelas Pías. Presidió el acto el cardenal Justiniani. Es el inicio de una gran realidad, no exenta de problemas, tanto a nivel externo como interno que va a durar hasta la madrugada del 25 de agosto de 1647, que muere Calasanz en olor de santidad. Es un período fructífero tanto a nivel de sus escuelas como a nivel personal y espiritual, que detallarlo nos impediría entrar en lo importante de su obra. Sí mencionar que cuando Calasanz murió su Orden religiosa estaba totalmente destruida, sin poder acoger a nuevos miembros en ella. Las rencillas internas, la habían llevado prácticamente a su destrucción con acusaciones infundadas al fundador, que incluso le llevaron ante el Stº.Oficio. Afortunadamente esto se disipó rápidamente con el eco que su muerte tuvo en Roma y ante la respuesta de la gente popular. Rápidamente fue reconocida de nuevo su Orden religiosa, y él mismo era proclamado Beato, sin haber pasado un siglo de su muerte. 1767 es recordado con cariño por todos los escolapios ya que el papa Clemente XIII lo inscribe en el catálogo de los santos, y en 1948 Pío XII proclama a S.José de Calasanz patrono de todas las escuelas populares cristianas del mundo.
Después de esta larga enumeración de la vida de Calasanz, podríamos preguntamos ¿qué fue lo que llevó a la fama a sus escuelas en toda Roma y a reconocer su obra en todo el mundo? ¿Qué hubo de novedoso en su estilo y obra que hace posible que las Escuelas Pías sigan siendo una realidad hoy, con su carisma propio?
En uno de los escritos que tuvo que presentar para defender sus escuelas ante las múltiples acusaciones recibidas, él escribe un alegato al Cardenal Tonti, lleno de belleza en cuanto al estilo, pero a la vez un canto auténtico a la pedagogía. Aunque un poco largo, conviene que recojamos aquí parte de su contenido:
La buena educación de los jóvenes es en verdad, el ministerio más digno, el más noble, el de mayor mérito, el más beneficioso, el más útil, el más necesario, el más natural, el más razonable, el más grato, el más atractivo y el más glorioso. Es el de mayor mérito, por establecer y ejercitar con amplitud de caridad, en la Iglesia, un eficacísimo remedio de preservación y curación del mal y de inducción del bien, en favor de los niños de toda condición, y por ende, de todos los hombres que pasaron antes por aquella edad, y esto mediante las letras y el espíritu, las buenas costumbres y las mejores maneras, con la luz de Dios y el mundoy continúa:
Este ministerio, desde el principio de la vida, enseña a vivir bien, de donde depende el bien morir, la paz y el sosiego de los pueblos, el buen gobierno de las ciudades y de los príncipes, la obediencia y fidelidad de los súbditos, la propagación de la fe, la conversión y preservación de las herejías, particularmente entre la juventud, a la que procuran infectar los herejes con sus falsas doctrinas desde el principio, como seguros del resto, y finalmente, la reforma de toda la cristiandad. Si por el amanecer se adivina el buen día y por el principio el buen fin, dependiendo del resto de la vida de la educación de la tierna edad, de la que jamás e pierde el buen olor como del ánfora que contuvo el vino añejo, ¿quién no ve que tanto mayor provecho y menor dificultad y confusión experimentarán los otros en el ejercicio de sus respectivos ministerios cuanto mayor haya sido la preparación de los individuos bien educados?Como dije antes, este memorial al Cardenal Tonti recoge la importancia que Calasanz había descubierto que tenía una escuela cristiana en ese momento, y así hemos podido comprobar que unido a recomendaciones para mejorar la sociedad en un plano político, no olvida la importancia de la religión en la vida del niño, consciente de que la piedad y las letras deben caminar juntas para el feliz desarrollo de la persona.
Para reforzar esta idea Calasanz recoge en sus constituciones el siguiente pensamiento:
Si desde su tierna edad son imbuidos diligentemente los niños en la piedad y en las letras, hay que esperar, sin lugar a dudas, un feliz curso de toda su vidaEstos logros él sabía que se podían conseguir teniendo muy presente una calidad en todos los estamentos que componían la escuela. Veamos alguno de sus pensamientos sobre estos componentes.
Era consciente de que para que sus escuelas tuvieran prestigio era necesario tener buenos maestros. Por eso en ningún momento escatimó esfuerzo para la buena formación de los mismos. (Caso Galileo).
A estos maestros les pide una serie de condiciones como el talento, la caridad, paciencia puesta al servicio del buen camino por el que deben ser conducidos los niños. Esta caridad y paciencia se lo pedía de manera especial a aquellos maestros que atendían en el oratorio a los más pequeños. (Oración continua hoy).
El maestro es el espejo en el que con frecuencia se fija el niño, de ahí que Calasanz ponga el acento en que los maestros, cuando la ocasión se presente, procuren inducir benignamente a los alumnos a la práctica y amor de las virtudes. (Hoy podríamos llamarlo valores).
Hemos dicho que para Calasanz sus alumnos no tenían color, ni ideologías concretas, y acogía a todos en sus escuelas, de ahí que recomiende a sus maestros que atiendan con gran diligencia a su escuela, sin hacer diferencia entre un alumno y otro, sino mostrando a todos amor grande de padre y enseñándoles con tal afecto, que los alumnos conozcan que desea su aprovechamiento.
Un hombre de Dios, y que pone su confianza en Dios, no puede olvidarse de recomendar a sus maestros que se pongan en las manos del Padre, y por eso les dice:
Si desea vd. hacer provecho en las almas de los jóvenes alumnos, como es obligación del maestro, debe pedir con gran fervor y humildad a Dios, esa gracia. Porque quien no tiene en sí mismo fervor y amor de Dios, no puede comunicarlo a los otros. Pedirá, pues, a Dios una y más veces todos los días en secreto, y principalmente en la misa, la gracia particular de poder hacer aquel fruto a que está obligado en los niños que vienen a nuestras escuelas, y si pide a Dios esta gracia, conseguirá para sí grandísimo mérito, y para el prójimo grandísima ganancia.La metodología del maestro debe ser fácil, útil y en lo posible breve. Para ello al seleccionar a los maestros Calasanz recomendaba a los responsables de sus escuelas que seleccionasen a los hombres más expertos y peritos en su materia. Otro punto que los maestros de su escuela no podían olvidar era el acomodarse a la capacidad de cada alumno, no sólo leer los textos sino explicarlos. Cada alumno debe ser tratado con suavidad, de manera que comprenda que desea cordialmente su aprovechamiento. Siguiendo este criterio, es consciente de que así el alumno se animará a ser diligente en la escuela y con más facilidad les atraerá luego al servicio de Dios.
Aunque no podemos decir que Calasanz dejara escrito un tratado metodológico para sus maestros, constantemente por medio de cartas y escritos dejó clara cuál debía ser la forma de actuar de los maestros de su escuela. En su epistolario, casi en su totalidad dirigido a sus religiosos, es donde podemos encontrar estos retazos de la pedagogía de Calasanz. No olvidemos que la mayoría de sus maestros eran religiosos.
Fundamental veía Calasanz para el buen funcionamiento de las escuelas que los maestros "llevasen notas de algunos puntos de las lecciones". No quería que sus maestros lo fiasen todo a la memoria y la rutina. Pedía esa preparación previa, en la que tanto se insiste, para que la escuela sea activa y atractiva.
A pesar de que con frecuencia los alumnos desbordaban en número sus aulas, él insiste que en las ciudades no haya niños ociosos, particularmente los pobres. Ellos son los primeros que deben ser recogidos en las escuelas pero instándoles a aprender. Así ante aquéllos que se quedaban en la puerta de la escuela jugando a la pelota, Calasanz invita a sus maestros que si no consiguen que entren en clase, que avisen al gobernador, porque su orden producirá más efecto.
Muy distinto a lo que era habitual en su época, Calasanz quiere tener informados a los padres de la asistencia y aprovechamiento de los alumnos en las escuelas. Por eso implanta un sistema sencillo pero claro, de ir tomando nota de quien asiste a las escuelas, y aquéllos que no lo hacen tengan conocimiento sus padres de cuál es la razón de su fracaso: la no asistencia.
Los que hoy conocemos la escuela podemos pensar que con la asistencia sólo a clase del alumno no vale. Quizá en nuestros parámetros no, pero en los del S.XVII y de Calasanz sí. Para él a pesar de ser sus clases muy numerosas (a veces se llegaba a los 100 alumnos), cada uno de ellos era individual. Su escuela no era para pasar el año y el niño estar entretenido. En sus aulas los alumnos se preparaban para un trabajo, e incorporarse cuanto antes a la sociedad. Por eso cuando el alumno ha logrado superar los objetivos, sin importar la fecha del año, el alumno era pasado al grado superior. Esto provoca, que los alumnos de las Escuelas Pías, antes de haber terminado su último grado, ya tuviesen prácticamente asegurado un trabajo como amanuenses o contables ya que tanto la ortografía, caligrafía y cálculo, eran la base de sus escuelas, unido al aprendizaje del Latín.
Él pedía que en sus aulas no se admitieran más alumnos que los que el maestro pudiera enseñar, para que no se pierda el crédito y el buen nombre. La obsesión por el número de alumnos, unido a la calidad de la enseñanza, estaba siempre presente en Calasanz. Pero no pensemos que se hablaba de 25 ó 30 alumnos como hoy, ni mucho menos. Oigamos algunas de sus recomendaciones en las cartas:
Escribo al padre para que procure no haya más de 60 alumnos en la escuela de leer. (11-12-1627) He recibo informes de las escuelas, y aunque todas van bien, en la de párvulos se han equivocado al admitir más de 190, sin contar aquéllos que diariamente están para entrar en dicha escuela. (22-1-1639)Tan importante como las letras para Calasanz, era insistir en sus alumnos en la cortesía, la modestia y el orden. Para ello Calasanz crea ya "la Ruta escolar" pero no con autobuses, sino que cada maestro al acabar las clases debía formar a sus alumnos en filas y acompañarlos a sus casas y dejarlos allí, ya que para él este ejercicio es "de grandísimo mérito para quien lo hace y de grandísima utilidad para los alumnos".
Otro tema que Calasanz tuvo presente desde el principio en sus escuelas, fue el informar a los padres de todo aquello que en las mismas iba surgiendo en relación con los alumnos, desde la ausencia o asistencia a la clase, como de la misma evolución de sus alumnos en el aula. Para él era impensable una educación plena de los niños si los padres no se implicaban en las mismas. Por eso no aceptaba que para que los niños se dedicasen a las labores domésticas se ausentasen de la escuela. En una de sus cartas lo dice abiertamente:
Los padres no corresponden como debieran, y Dios sabe qué ejemplo dan a sus hijos. Ordinariamente los emplean en muchas ocupaciones. Y las letras requieren todo el ingenio y todo el esfuerzo si quiere sacar provecho. 19-6-1631)Para él era imprescindible que se usase el material adecuado para las aulas, ya que sin él difícilmente podría sacar el niño provecho. A la vez era necesario estar abierto a todas las influencias externas que pudiesen llegar a las escuelas y que sirviese para el perfeccionamiento de sus maestros. Calasanz estuvo siempre pendiente de buscar el lugar en el que los maestros se pudiesen formar adecuadamente y aportar los mejores métodos. Por eso recomienda que se investigue si el método empleado en la Escuela de Nobles, puedes ser útil y trasladable a su escuela, y lo que aún era más impensable: no pone ningún impedimento para que alguno de sus maestros-religiosos vayan a casa de Galileo a instruirse, e incluso dormir en ella cuando Galileo se encontraba al final de sus días abandonado por todos y cuando éste estaba condenado por hereje. Él mismo lo relata así
Si por casualidad el señor Galileo pide que permanezca en su casa algunas noches el padre Clemente, permítaselo, y Dios quiera que sepa sacar el provecho debido. (16-4-1639).La interdisciplina era otro de los puntos frecuentes en la escuela de Calasanz. Cualquier acontecimiento de la sociedad, o del mundo en el que se movían aquellos niños era suficiente para que se tuviese en cuenta en las escuelas y fuese motivo de trabajo y reflexión en los mismos alumnos.
Se podría escribir todo un tratado sobre la metodología que Calasanz empleó en su escuela para el aprendizaje de la caligrafía, y seguro que más de uno hemos oído hablar de la "letra escolapia". Unido a ello estaba el empeño por la aritmética ¿por qué? porque Calasanz ya se estaba anticipando a esa máxima de la escuela para la vida. Sus alumnos no estudiaban por años, sino por grados, y a medida que iban superando los objetivos de cada grado se les pasaba al grado superior, de manera que cuanto antes pudiesen ser útiles en la sociedad y colaborar con su trabajo en la misma familia, frecuentemente tan necesitada. Él siempre tuvo en sus escuelas maestros especializados en la Caligrafía y Aritmética por la importancia que ellas tenían.
La pedagogía del acompañamiento y la prevención las puso Calasanz en práctica desde el momento en que fue dando forma a sus escuelas. En todo momento aconsejó el diálogo por encima del castigo, y si había que llegar a éste que fuese moderado, consensuado por más de un maestro y nunca en el mismo momento en que el niño ha cometido la infracción. Él aconsejaba la confesión y el trato frecuente con el director espiritual, como el gran remedio para reconducir a aquéllos alumnos que por algún motivo desentonaban dentro del colectivo. Esta mezcla de piedad y sentimiento le dio grandes resultados. El uso frecuente del castigo acaba haciendo insensible al que lo recibe, mientras que el frecuente diálogo abre las puertas de la persona humana, haciéndole valorar lo bueno que lleva dentro.
Siendo el creador de una escuela católica apoyada en la piedad y las letras no se puede olvidar el amplio trabajo que Calasanz hizo en sus escuelas con la formación espiritual de sus alumnos. La Eucaristía, la confesión y la devoción a la Virgen eran los pilares dentro de sus aulas, y elementos fundamentales en la formación de sus alumnos.
Esto se alimentaba desde la oración continua que practicaba con los más pequeños, algo que hoy vuelve a retomarse en nuestras aulas. El temor de Dios entendido en sentido positivo era algo que él tampoco olvidaba a la hora de educar a sus alumnos. Temor de Dios entendido como prevención de todas aquellas ideas que desviaban a los niños y jóvenes del buen camino para formarse como personas y cristianos.
Nunca perdió de vista que todo esto iba dirigido a los niños pobres para los que fundó su instituto, algo no comprendido en aquella sociedad, que le trajo sus dificultades, pero ante las que siempre supo responder y estimularse. Veamos algunos de sus pensamientos sobre este tema como conclusión a su labor pedagógica:
Quien no tienen espíritu para enseñar a los pobres, no tiene la vocación de nuestro Instituto, o el enemigo se lo ha robado.(9-2-1630) Procure hacerse siempre más apto para enseñar a los pobres caligrafía y aritmética, y también el santo temor de Dios. (27-5-1634) Los pobres sean siempre, siempre, ayudados con particular diligencia, aunque estén con los vestidos rotos. (1637) Cuando el Señor inspira a uno hacer el bien a los pobres, da señal manifiesta de que no pudiendo el bienhechor ser recompensado por los pobres, quiere recompensarle Dios, que suele hacerlo con mano generosa. (12-11-1634)Después de un repaso a la biografía del fundador, y de analizar muy someramente algunas de sus líneas pedagógicas, sí conviene que tengamos en cuenta cuál ha sido la herencia que nos dejó y especialmente analizar la misión de las Escuelas Pías hoy.
Tenemos que empezar diciendo que no podemos perder de vista que el ministerio de las Escuelas Pías se enmarca dentro de la Iglesia, de ahí que su labor se desarrolle dentro de un marco eclesial. Desde la validez del lema "Piedad y letras" debemos descubrir caminos para ofrecer con riqueza el mensaje de Jesús a niños y jóvenes, especialmente pobres y pequeños. Las Escuelas Pías están convencidas de que ahora, como en tiempos de Calasanz, su contribución a la Iglesia y a la Sociedad goza de plena vigencia ¿Por qué? porque a pesar de los avances científicos en favor de los niños la suerte de parte de la infancia sigue siendo dramática: hogares en conflicto o deshechos, padres ausentes, niños abandonados carentes de afectividad o heridos de forma habitual en su débil sensibilidad. Por eso pensamos que nuestra misión sigue siendo válida en nuestra sociedad y en la iglesia de ahí que trabajemos por una nueva evangelización basada en una educación nueva, generadora de cultura cuyos valores humanizan y personalizan, abierta al mensaje de Jesús y comprometida con el reino que Él anuncia.
En este panorama pensamos en el desafío más apasionante para la tarea del educador cristiano: intentar que se forme en sus alumnos un nuevo modelo de persona, garantía y esperanza para el nacimiento de una iglesia renovada, que contribuya a construir una sociedad renovada.
Hemos visto al principio de esta charla que las Escuelas Pías nacen para dar respuesta a unas necesidades eclesiales y sociales de su tiempo. Hoy estas necesidades se matizan por el vasto y complejo fenómeno de la posmodernidad en el que el mundo ha logrado un progreso inédito: vive la modernidad; pero ésta no llena de expectativas profundas a la persona. Y se pierde confianza en el progreso, la razón, las estructuras, la historia, la ética, los dogmas,... Casi todo se c onvierte en relativo y subjetivo, tanto lo personal como lo social. De ahí nacen el pluralismo y las fragmentaciones en moral, religión, valores, visión de la vida. Todo esto provoca la cultura emergente que pone un nuevo marco a la educación. Con estos rasgos: cambios acelerados, centralidad de la persona que conlleva sensibilidad por la justicia, participación y corresponsabilidad, democratización y liberación de la mujer, jerarquía de valores y relativismo en esa jerarquía, secularización, autonomía de la cultura. y como desafíos derivados, énfasis en grandes temas: vida, familia, religión, paz, derechos humanos, analfabetismo, ecología, marginación, etnias, tercera edad, nuevo orden económico... un mundo complejo pero real. Afrontarlo desde nuestro ministerio es trabajar en la nueva evangelización mediante la nueva educación.
La síntesis fe y cultura encuentra un lugar privilegiado en la escuela católica. Su vocación es formar personas. La cultura que ha de impartir rebasa los programas oficiales para abarcar la vida. Es una educación integral, versión actual del lema acuñado por Calasanz para todas sus escuelas de "Piedad y Letras". Se da esa síntesis de fe y cultura cuando leemos el saber y la verdad como un texto único que nos hace madurar, nos acerca a los hombres y nos convierte a Dios. Esto implica que la cultura hay que clarificarla, asimilarla, comprometerse con ella, identificar el papel del educador.
Sensibles a todo esto los educadores de la escuela calasancia educarán desde su propio ser y actuar:
Toda comunidad educativa con talante calasancio, y que puede ser extensible a toda comunidad educativa cristiana, tiene que poseer las siguientes señas de identidad:
A los jóvenes que se educan en las Escuelas Pías se les alienta para:
Podemos terminar resumiendo esta exposición repitiendo el reto que tiene la escuela cristiana de ser protagonista en la Nueva Evangelización, una nueva evangelización que abre caminos, señala espacios, crea horizontes, sugiere medios, apunta canales que no discurren exclusivamente a través de la palabra, sino:
Quiero terminar con las palabras que el P. Vicente Faubell, Ex-Decano de Pedagogía de la Universidad Pontificia de Salamanca, dijo a los directivos de las Asociaciones de Padres de Alumnos en mayo del 97 en Madrid:
La originalidad calasancia y su paternidad de la escuela popular se encuentra en: No en una fundación gratuita ex-novo sino en la transformación de una escuela de pago preexistente, en una escuela gratuita reservada exclusivamente a los pobres; en la creación de una escuela original de los estudios de enseñanza primaria y media con un cierto tipo de enseñanza profesional; en la creación de un nuevo tipo de escuela, la escuela primaria graduada; en un nuevo método didáctico, llamado posteriormente método simultáneo; en la reestructuración del "colegio", ampliándolo con la enseñanza primaria, media y algo de profesional; en la defensa jurídica del derecho del pobre tanto a la enseñanza primaria como a la enseñanza media; y en la fundación de la primera Orden o Congragación religiosa dedicada exlusivamente a la eduación.No sé si después de bosquejar tantas cosas, habré conseguido llegar a plasmar la rica personalidad de Calasanz, la educación que llevó a sus escuelas y la herencia y responsabilidad que hoy tienen contraídas las Escuelas Pías, y por extensión la escuela cristiana, pero sí tenemos que asumir todos que cada uno de nuestros alumnos golpea con amor e insistencia a cada una de nuestras comunidades educativas. Hemos de lograr una educación que evangelice y profetice. Volver a los orígenes, lo que implica en nuestras Escuelas Pías retomar la fuerza fundante de nuestro lema "Piedad y Letras", la tarea que vivió con pasión cristiana y nos confió con ilusionada esperanza nuestro Santo Padre José de Calasanz, que ya dura más de cuatrocientos años.
Oviedo a 27 de noviembre de 2003