24 de noviembre de 2014
Cuando uno regresa al colegio donde pasó tantos y tan buenos años siempre afloran emociones especiales.
Hay una nostalgia de los lugares que te transporta inmediatamente a otros años y condensa en pocos segundos una parte importante de nuestra vida.
Hoy estoy aquí para pronunciar el pregón de las Fiestas de Calasanz del Colegio Loyola Padres Escolapios como alcalde de Oviedo pero también, claro, como alumno que fui de estas aulas, que abandoné hace 25 años.
Y uno no puede dejar de recordar sus años de portero de balonmano junto al que es hoy vuestro director, Caco, ni a algunos profesores de esos cuyo recuerdo nunca desaparece, como las clases de literatura de Juan Cueto o de gimnasia con Enrique Alba.
Son recuerdos, como digo, muy gratos.
Y estar aquí hoy me trae a la memoria juegos, amigos, olores y sensaciones de horas felices.
Pero si logramos elevarnos un poco por encima de esta nostalgia, me doy cuenta de otro poso que los padres escolapios dejan en sus alumnos y que tiene que ver más con los cimientos sobre los que se construye una persona.
Esa forma de ser y de estar en el mundo llega, directamente, de las enseñanzas que hace ya más de cuatro siglos recibimos de nuestro patrono, San José de Calasanz.
San José de Calasanz fue el creador de la primera escuela popular, pública y gratuita de la Edad Moderna en Europa.
En el tránsito del siglo XVI al XVII, su firme convicción en el poder transformador de una educación universal fue una verdadera revolución dentro de un orden socioeconómico injusto que condenaba a la pobreza y la marginación a gran parte de la población.
San José de Calasanz desarrolló un programa basado en la ética cristiana más radical y valiente, un programa que aportó a la pedagogía moderna las ideas de la no discriminación social, racial, o religiosa. Y no se quedó en la teoría. En sus escuelas matriculó a alumnos judíos o a estudiantes de religión protestante.
Contemplado desde el aquí y ahora, su ejemplo y lo que las escuelas pías aportaron a la historia de la humanidad, tienen que ser una referencia para que defendamos la educación pública sin sectarismos ni radicalismos torcidos, protegiéndola de un adanismo ignorante que parece querer acabar con todo lo que hemos construido.
La enseñanza concertada es una parte fundamental de la educación pública en nuestro país. Responde a la libertad que todos tenemos para educar a nuestros hijos en los valores en los que creemos, y en el caso en el que nos encontramos, si hablamos de los escolapios, ofrece al alumno una formación basada en la cordialidad para construir un mundo mejor, sin rencor, sin competitividad, construido principios morales y con comprensión hacia los demás. Un colegio que construye en comunidad.
¿No es esa la mejor educación a la que uno puede aspirar?
¿No son esos los mejores valores con los que combatir los vicios y corrupciones de nuestra sociedad contemporánea?
¿No son esos los mejores principios para formar a las generaciones que tienen que liderar los nuevos tiempos con nuevas formas de hacer para que sean mejores?
Yo creo que sí.
Yo soy un alumno escolapio y no concibo una educación que no se base en la cercanía, en el cariño, en la comprensión y en valores y principios que nos ayuden a construir un mundo mejor, una sociedad mejor. Por eso no tolero, y me indignan, esos cantos que llaman a una falsa revolución basada en el rencor, la revancha y la ira.
Piedad y letras, es decir, moralidad y conocimiento. Eso será lo que nos permita no perder el rumbo.
Todos vosotros estáis llamados a tomar el testigo para construir una ciudad, una región, un país y un mundo mejores. No perdáis la oportunidad de aprender lo que en este Colegio os pueden transmitir porque será, os lo aseguro por propia experiencia, el mejor patrimonio del que dispondréis para construir vuestra vida.
Los tiempos difíciles, como los que vivimos, son tiempos propicios para falsas utopías, que son la antesala de grandes decepciones. Pero hay otra alternativa: aferrarse a los principios, a las convicciones, y a las enseñanzas recibidas para reconstruir el presente y el futuro.
Yo, como todos los que hemos recibido esta enseñanza, lo intento hacer cada día.
Por todo esto, doy las gracias a la comunidad escolapia, y hoy, en este colegio Loyola de Oviedo que también fue el mío, os deseo unas Felices fiestas en compañía de todos vuestros compañeros, amigos y profesores...
Quedan inauguradas las Fiestas de Calasanz 2014